La lisozima es una enzima presente en diversas secreciones corporales, como la saliva, las lágrimas y la leche materna. Su función principal es la de proteger al organismo contra bacterias y otros microorganismos patógenos.
En el grupo ATC J05AX02, la lisozima se utiliza como agente inmunomodulador para prevenir infecciones bacterianas en pacientes con deficiencias inmunológicas. También se ha utilizado en el tratamiento de enfermedades inflamatorias crónicas, como la artritis reumatoide.
En España, según datos del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, durante el año 2019 se registraron un total de 1.357 casos de deficiencias inmunológicas primarias. Estas enfermedades afectan principalmente a niños y jóvenes adultos y pueden ser hereditarias o adquiridas.
La lisozima se presenta en forma de solución inyectable o liofilizado para su reconstitución antes de su administración intravenosa. La dosis recomendada varía según la edad del paciente y su condición médica específica.
La lisozima es un medicamento seguro y bien tolerado por los pacientes. Los efectos secundarios más comunes incluyen dolor localizado en el sitio de la inyección e hipersensibilidad al medicamento. En raras ocasiones puede producirse una reacción anafiláctica grave que requiere atención médica urgente.
Es importante destacar que la lisozima no debe utilizarse como tratamiento antibiótico para tratar infecciones bacterianas activas ya que no tiene actividad antimicrobiana significativa contra las bacterias patógenas comunes.
En conclusión, la lisozima es un medicamento importante en el tratamiento de pacientes con deficiencias inmunológicas y enfermedades inflamatorias crónicas. Su uso debe ser supervisado por un médico especialista y seguir las pautas de dosificación recomendadas.